martes, 17 de noviembre de 2015

CRÓNICA DE UN DOMINGO CORRIENDO POR EL MONTSANT: TRAIL DE LES ERMITES POR EMI FALCON

Es evidente: Emi disfrutando en plena acción

Trail Les Ermites (Ulldemolins) el 15 de Noviembre

Amaneció un domingo estupendo en Calafell: ni una nube y un cielo de un azul intenso que se me antojaba un poco violeta. Sin embargo, según nos aproximábamos a la sierra del Monsant una espesa niebla empezó a cubrirlo todo, sabíamos que fuera de nuestro refugio, el coche, el ambiente era frío y húmedo.
Cuando llegamos al punto de salida, el ambiente frío y húmedo se estaba caldeando con los preparativos propios de la carrera: recogida de dorsales, algunas personas calentaban, otras discutían en grupo la estrategia a seguir y otros preferían aislarse y concentrarse.
A las diez salieron los participantes de la carrera de 22,5 kilómetros. Yo no los vi salir, preferí calentar y concentrarme en mi carrera, la de 11,6 kilómetros.

A las diez y cuarto estaba en la línea de salida, contenta, con la adrenalina a tope, rodeada de compañeros que no me dejaban ver la ruta, de momento, habría que seguirlos.
En los primeros cuatro kilómetros el sendero era ancho, subía ligeramente, y la gente iba muy fuerte. La carrera comenzó a estirarse hasta llegar a la gran subida, de poco más de un kilómetro que culminaba en la parte alta de la Serra Major, la Ermita de la Mare de Deu de Montsant.

No estaba bien posicionada al llegar al pie de la subida, donde el sendero permitía el paso de una sola persona y tuve que pedir paso varias veces. Me sentía perfecta, controlando, con mucha energía, hasta que llegué al avituallamiento, junto a la Ermita donde nos esperaban unas vistas espectaculares.

Continué por la la parte alta de la Sierra en grupo, empezaba a hacer calor y se agradecía. Y asì fuimos durante unos cuatro kilómetros, atentos siempre a las cintas amarillas que señalaban el recorrido.

Pero nos despistamos. Pese a que Toni ya me lo había avisado. La ruta se quebraba para empezar el descenso y seguimos rectos unos minutos hasta que nos extrañamos de no ver más señales y volvimos.

Empezamos a bajar. Me concentro. Pongo en práctica todo lo que me han enseñado: prever con antelación el paso, utilizar los brazos....bajo confiada, bastante rápido, pero empiezo a encontrarme con suelo rocoso y muy húmedo.Y me caigo. Las personas que iban por detrás de mí se acercan para ayudarme y yo les doy paso, les pido que continúen. Me levanto y sigo. Con las rocas húmedas habrá que ser más prudente.

La bajada se prolonga durante más o menos un kilómetro y medio, la distancia es similar a la subida.

Empiezo a oír voces y música. La meta está cerca. Y entonces me doy cuenta de que no estoy cansada, me gustaría no salir aún de la montaña pero un voluntario me indica los metros escasos que me separan de la llegada.

Llego emocionada, contentísima, pero la carrera me ha sabido a poco. El año que viene habrá que volver para hacer la carrera larga. Tengo tiempo para mejorar la técnica y el fondo y así poder disfrutar la carrera mucho más.